Ismael Serrano

Esta es la letra de la canción La Huida, de Ismael Serrano. Hablaré mas adelante acerca de este hombre musicalmente con canciones como Canción de Amor Propio, Quiero ser muy promiscuo, Ana o La extraña pareja.  

Esta noche, y para dar por terminado el Lunes, os dejo esta letra, que bien puede ser un poema. 
Si buscáis en Youtube esta canción os saldrá con musica (vale, es evidente, un segundo, que me explico) os recomiendo que consigais los discos de rarezas ya que en uno sale recitada, que para mí queda mucho mas personal.

La Huída, Ismael Serrano.
Ella tiene quince primaveras, pocas mentiras que contar,
dos pendientes de primero y aún no ha visto el mar.
Mientras lo espera sobre la acera, se derrumba el mundo.
Él tiene dieciseis agostos y una nube que robó,
y versos de Extremoduro volando en la habitación.

Mientras la sueña copia un poema que luego hará suyo.
Y como cada tarde, la ciudad se detiene en el instante
en el que él la pasa a recoger.
“¿Qué tal en clase?”. “Llegaste tarde”. “No me riñas, ven”.
Y ella aprieta contra el pecho la carpeta, y en el cielo
anémonas de humo, antenas de coral.
“Si quieres, mi vida, te rapto yo un día, te llevo a ver el mar”.

Una tarde como otra cualquiera él la pasará a buscar
con el alma en un pañuelo, con el coche de papá.
“Sube al barco, niña. Ésta es la huida que te prometí”.
Ojalá que tengan suerte, tal y como lo soñamos,
y al paraíso les lleve la Nacional 4.
“Amor, ¿por qué lloras? ¿Qué es lo que te pasa?” “Será que soy feliz”.

Y nada más pasar Despeñaperros se les echa encima el sueño
y las ganas de compartir sudores.
“Paro y nos dormimos”. Fuera queda el frio con la oscura noche.
Al rato, el coche queda lleno de vahos y de vuelos,
en playas infinitas, carretera sin fin.
Arenas desiertas, mil atardeceres que acaban en ti.

No será la luz del alba lo que los despertará,
ni una gran ola rugiendo, no será el olor a sal:
una pareja de picoletos pegándoles voces.
Como el cristal de los sueños, de camino al cuartelillo.

Se han quebrado un par de vidas entre broncas y gritos.
¿A quién se le ocurre? Se deshace una nube y una ola se rompe.
Y ya de vuelta a la ciudad, donde nunca sabe a sal,
la piel y la lluvia, que a veces te besa,
se van para casa, escuchan aullidos, golpes que no cesan.
Los viejos les prohibieron la salida, el tiempo fue arando sus vidas,
quemando poemas, carretera sin fin.

De vuelta hacia casa mil atardeceres que acaban sin ti.
La ciudad se siguió derrumbando, en la acera mientras tanto
anémonas de humo, antenas de coral.
Él se pierde en la bruma, ella sólo recuerda cuando mira el mar.
Le asalta la duda de estar viva y recuerda alguna huida
cuando aún no sabía mentir.
“Amor, ¿por qué lloras? ¿Qué es lo que te pasa?” “Será que soy feliz”.

Óscar.

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